viernes, 11 de septiembre de 2009

4- Andando que es gerundio

4-Andando que es gerundio (o, a capar sólo se aprende cortando huevos)

Tengo los pies encallecidos de tanto andar, de tanto andar creo que en dirección contraria a mis sueños, y es que quizá tenga miedo de no alcanzarlos, y hace tiempo que comprendí que era menos doloroso el dolor de pies que el dolor de las manos vacías si intentas agarrar la ilusión de tu vida y terminas con las manos llenas de aire.
Y aunque tengo los pies cansados y los tobillos rozados, parece que fue ayer cuando me distraí y empecé a perseguir una sombra…, una sombra que hasta hoy no he comprendido que no es más que la mía y no una guía divina o un atajo espiritual que me daría experiencia, tal y como creía.
Los zapatos siguen brillando con su charol radiante, pero hace tiempo que perdí la suela, sin que nadie se haya dado cuenta de ello, por lo que no me he preocupado de cambiarlos por otros y sigo andando descalzo, rodando; así que me siento más o menos como una bola perdida que un golfista cojo golpeó con su pata de palo y busca un hoyo a oscuras.
Y es que en este juego de la vida no ganas ni pierdes, o al menos no lo sabes nunca, sólo juegas. Eso es todo. Eso creo que es todo: un jodido juego.
Un juego sin reglas donde la mayor parte de las veces son los espectadores los que te censuran o te aplauden una elección, sin tener idea de que una sonrisa o un rechazo pueden condicionarte media vida, porque la mayor parte de las veces estamos más atentos a los aplausos que a la jugada.
Maldita ironía la de cazar sueños, la de buscar quimeras que sólo hemos creamos para perseguirlas.
Bueno, tengo los pies encallecidos, y este dolor me ha hecho pararme, y ha sido bueno, porque ha sido cuando me he dado cuenta de que creo que voy en dirección contraria. Que desvarío el perderme sin haberme movido del sitio, el creer que había crecido sin haber tenido que cambiarme de ropa, el de pasar pisando inviernos y veranos sintiendo la misma tierra tibia, la misma gravilla que me molesta igual que el primer día y a la que no me he acostumbrado…., aunque analizándolo bien, quizá sólo sea culpable de no haberme cambiado de zapatos, porque ahora que miro a mi alrededor, tal vez no esté tan lejos de donde partí, auque reconozco que he dado vueltas en círculo en esta extraña isla.
Siempre pensé que era mejor eso que el seguir recto y adentrarme en el mar, yo, que no sé nadar y guardar la ropa, por mucho que naciera en un pueblo a los pies del Mediterráneo.
Y bien, ahora que me he ubicado, y al menos sé que estoy perdido, será todo mucho más fácil. Creo que para volver sólo tengo que seguir los huellas que he dejado…., y parece que tengo suerte porque ahora que vuelvo sobre mis pasos encuentro miles de huellas de zapatos y sólo unas inequívocas pisadas de pies planos, que son los míos. Al final parece que tengo suerte de no haberme cambiado de zapatos, al menos si decido volver atrás…, aunque tampoco lo tengo muy claro, quizá esté más cerca de volver a mi pueblo blanco si sigo en línea recta que si me doy la vuelta, quizá no esté tan lejos de donde partí; quizá sólo estoy intentando dormir y todo ha sido un sueño… como es un sueño que naces y vives.
¡Joder, qué desvarío…!

2 comentarios:

MARA dijo...

Tremenda lección de filosofía... por cierto siempre suspendí esa asignatura, incluso agoté las convocatorias.

Unknown dijo...

nacho colega te estan encontrando los años,cuantos caminos andamos ,sin parar a mirar los callos ,me encanto un abrazo pepe