viernes, 18 de septiembre de 2009

El Satélite

5-El satélite


Este escrito no tiene otro fin que ensalzar la minúscula grandeza del hombre, que no deja de asombrarme.
Según he oído en las noticias, hemos enviado al espacio un satélite que nos dirá con certeza si el agua del mar está subiendo un milímetro por año, cuando se produce una erupción cutánea en un volcán muerto, o si los polos se están descongelando o es un simple espejismo visual porque dicho artilugio tiene una sensibilidad que al ser humano no nos fue dada por la naturaleza...
El cohete orbitará a doscientos sesenta kilómetros de la tierra, que ahí, y justo ahí, es donde puede dar vueltas pendiendo de un hilo sin que la gravedad nos lo devuelva. Fue lanzado por un tirachinas convencional, pero en el espacio y para no perturbar sus predicciones se impulsará por una fuerza igual al aire que puede salir de una jeringuilla común. Así estará mareándose y mareando al que lo quiera seguir por un telescopio, hasta que se le agote las poquitas pilas que lleva y baje un escalón con lo que tropezará con la atmósfera y se hará polvo de estrellas.
Pero lo que más me asombró de las palabras del periodista y me deja pensativo es que (y cito textualmente) “es capaz de detectar la caída de un copo de nieve sobre un trasatlántico en mitad del océano”. Vamos que será de una sensibilidad trescientas diez veces superior a la de cualquier clítoris conocido.
Y ahora que este artilugio está en el espacio, ahora que ya es irreversible el gasto que se ha hecho para construirlo, será inevitable que capte el ruido de los millones de estómagos vacíos de África, el llanto en el parto de las madre ante sus hijos muertos, el vómito en las pateras ciegas, las taquicardias de los amantes, los lamentos de los artríticos e incluso las flatulencias nacidas de la normal digestión de una fabada.
Desde ahora, ya no hay intimidad posible. El cacharro, de tan sólo cinco metros, si es capaz de captar la caída de un copo en un trasatlántico en mitad del Índico, no podrá hacer oídos sordos al llanto que acompaña al dolor, a cada grito; captará cada insulto subido de tono, cada quejío de una novia desdeñada, cada golpe de tos de cualquier anciano en cualquier casa ruinosa de cualquier aldea; cada paso metálico de los que perdieron una pierna con una mina antipersona en cualquier barrizal. No podrá taparse, con los dedos que no tiene, sus oídos artificiales y grabará los gemidos desacompasados de una mala fornicación y lo que es peor, ya no podré arañar, en mi soledad, las sábanas cuando faltas en mi cama por miedo a que este Dios metálico me delate.

2 comentarios:

Unknown dijo...

EL HAMBRE Y LAS GUERRAS INTERESAN.
SON PODEROSAS PARA CIERTOS PERSONAJES
QUE CONTROLAN TODO.!!!!

MARA dijo...

Ójala sature los receptores multimedia. Los miles de discosduros se queden sin gigas, y de una puñetera vez se enteren de que lo que realmente nos quita el sueño es el sufrimiento de tantos seres humanos olvidados en medio de sus desgracias.